No debes hacer nunca esto cuando lleves a tu gato al veterinario. Estos son los errores más comunes

Cuando tengas que llevar a tu gato al veterinario, asegúrate de que cumples con estos seis consejos básicos.Algunos fallos que cometemos al preparar las visitas a las clínicas contribuyen a aumentar sus niveles de estrés.

No debes hacer nunca esto cuando lleves a tu gato al veterinario

En este sentido, crear una pequeña rutina o una lista con algunos puntos clave antes de llevar al gato al veterinario puede ser una acción que marque la diferencia, al permitirnos ir más tranquilas, confiadas y contar con más recursos al haber previsto una mayor variedad de situaciones.

1. Elegir el transportín incorrecto

El transportín es una herramienta esencial para el traslado de tu gato al veterinario, pero no todos los modelos son adecuados. Los transportines de tela o red pueden parecer prácticos, pero son una mala opción. Estos materiales son difíciles de limpiar y retienen las feromonas de miedo que los gatos emiten durante situaciones estresantes, como las visitas al veterinario. (Sin embargo, hay mucha desinformación aquí, como este artículo de El País y otros medios que recomiendan transportines con muchísimo campo de visión y de tela, sobre todo.)

Cada vez que tu gato vuelve a entrar en ese transportín, esas feromonas impregnadas pueden desencadenar asociaciones negativas («recuerdos»), aumentando su ansiedad. Además, al margen de la facilidad para limpiar y la comodidad de un espacio más «rígido» para el felino, está el elemento de seguridad: un transportín rígido será más seguro: por descontado, hay animales que no nos darán ningún problema; otros, puede que sí.

2. No cubrir el transportín adecuadamente

Un error habitual es dejar el transportín descubierto durante el trayecto del felino al veterinario. Los gatos, al sentirse expuestos, pueden experimentar mayor inseguridad o miedo. En cambio, una acción tan simple como cubrir el transportín con una toalla o una tela opaca ayuda a crear un espacio seguro y protegido, disminuyendo los niveles de estrés y ansiedad.

Así, al reducir los niveles de estrés, esto no solo mejorará su comportamiento durante la consulta, sino que facilitará la manipulación por parte del veterinario.

3. Permitir que otros animales se le acerquen

Es muy importante mantener al gato en el veterinario alejado de otros animales, sobre todo, si hay perros en la sala de espera y esta no está dividida. Si es posible, busca opciones en los que la clínica tenga espacios separados para perros y gatos (aunque esto, a menudo, es complicado todavía).

Si un perro se acerca demasiado, puede alterar gravemente a tu gato, haciendo que se sienta amenazado. Una buena opción es colocar el transportín en un espacio elevado y fuera del alcance de otros animales.

Piensa que los gatos son animales muy sensibles y que una visita del gato al veterinario, puede llegar a alterar la convivencia en casa durante horas o días incluso.

4. No evitar espacios ruidosos o saturados

Las salas de espera abarrotadas, con perros ladrando, gatos maullando o erizándose y mucho movimiento de personas, suelen ser ambientes estresantes para los gatos. Si el lugar está lleno o ruidoso, puedes pedir al personal esperar tu turno en un lugar más tranquilo, cerrar una hora de visita con menos movimiento de familias o esperar fuera incluso. Esto puede marcar una gran diferencia en el nivel de ansiedad de tu gato.

5. Ignorar el manejo adecuado por parte del veterinario

El trato que reciba tu gato por parte del profesional veterinario es crucial. Si notas que el veterinario insiste en un manejo hostil, como el uso de jaulas de contención o inmovilización física innecesaria, considera cambiar de clínica. Hoy en día, existen recursos farmacológicos y técnicas de manejo menos invasivas para reducir el estrés de los gatos durante las consultas; además, si bien los tiempos de consulta suelen suponer una rutina de mucho trabajo para los profesionales, eso nunca tiene que ser excusa para un trato poco ético.

6. Subestimar las consecuencias del estrés

El estrés no solo afecta el comportamiento de tu gato durante la consulta, sino que también puede tener consecuencias a largo plazo. Algunos problemas comunes tras una visita al veterinario mal manejada incluyen agresividad en el manejo, micciones fuera del arenero, falta de apetito y alteraciones de las analíticas debido a picos de cortisol.

Prestar atención a las necesidades de tu gato antes, durante y después de la visita puede ayudar a prevenir estos problemas y garantizar su bienestar. Si la consulta no ha ido bien, plantéate:

  • ofrecerle un espacio seguro en casa para tu gato,
  • reducir el ruido en el entorno,
  • permitirle espacios y momentos de descanso
  • y apoyarte en hormonas y nutracéuticos, que se comercializan
  • y enriquecimiento ambiental durante unos días

Todo ello, ayudará a que el felino reduzca sus niveles de estrés.

Llevar a tu gato al veterinario no tiene por qué convertirse en una experiencia traumática. Elegir el transportín adecuado, cubrirlo correctamente, evitar interacciones no deseadas con otros animales y priorizar un manejo respetuoso son pasos clave para reducir el estrés de tu mascota. Al hacerlo, estarás protegiendo tanto su salud física como su equilibrio emocional.