¿Podemos convertir un gato no social en casero?

Cuando vemos gatos en la calle puede nacernos la idea de darles un hogar mejor. El problema es cuando se trata de un gato no social que creemos que puede convertirse en casero.
La intención siempre es bondadosa aquí, porque queremos ayudar a un animal y sacarlo de un entorno en el que está expuesto a todo tipo de peligros.
No obstante, es importante tener en cuenta que los gatos que han vivido siempre en la calle o en colonias —especialmente, sin contacto humano desde jóvenes—, suelen mostrar una naturaleza independiente y temen el contacto humano, lo que puede hacer muy difícil su adaptación a la vida en un hogar.
Esta característica no solo es necesaria, sino también imprescindible para su supervivencia.
El gato comunitario… en una casa
Llevar a un gato no social a tu casa puede ser una fuente de estrés para un animal que ha aprendido a valerse por sí mismo, porque:
- Se trata de un espacio cerrado, donde las zonas, la visión y el movimiento están limitados
- Las posibilidades de tomar distancia o la sensación de control del felino disminuyen
- Se da una imposición de límites (paredes, horarios, personas), que generará ansiedad
- Existe una falta total de aprendizaje de ese entorno (por lo que, excepto en casos de extrema gravedad, deberíamos evitar algo así)
- El animal no está socializado (o improntado), por lo que el entorno y la situación serán completamente extraños para él o ella
En otras palabras, a diferencia de los gatos socializados desde pequeños, estos felinos tienen una relación muy distante con los humanos y el intento de «domesticarlos» muchas veces fracasa debido a la edad, el carácter del animal o el no plantear una exposición progresiva.
¿Convertir un gato no social en casero? Es poco probable
Asimismo, incluso en los casos en los que hay conocimientos sobre conducta animal (etología) y se pauta una progresión, lo más probable es que un gato adulto (no sociable) ya no pueda adaptarse a un cambio de vida.
Asimismo, para las personas, la convivencia con un gato no social puede resultar frustrante.
El gato comunitario puede intentar agredir o escapar de la situación (incluso aunque en la calle pareciese muy tranquilo y «manso»). Tratar de adoptar a un gato no social con la esperanza de convertirlo en un miembro afectuoso de la familia suele traducirse en un felino asustadizo (o directamente agresivo) y una gran desilusión.
Debemos tener presente que aquí nuestras expectativas van a ser poco realistas, e incluso los procesos de adaptación bien planificados, puede exigir paciencia, muchísimo tiempo y recursos que, a menudo, no se tienen (tanto en tiempo, como en la preparación de situaciones, como en la repetición de ejercicios para tratar de conseguir que el animal confíe).
En la gran mayoría de los casos, es necesario devolver al gato a su entorno original con unos niveles de estrés y ansiedad mayores, así como quizá con algunos aprendizajes que pueden llegar a ser peligrosos para su propia vida.
Los gatos no sociales deben vivir en la calle
A lo largo de este proceso, que podría contar con algunas señales de mejora, los cambios se verán mínimos. Lo más probable es que el gato aprenda a tolerar la presencia humana (a gestionar tener a personas cerca), pero no a socializar ni a relacionarse de forma afectiva o a generar un mejor vínculo.
En la mayoría de los felinos, no obstante, el entorno (que ni va a entender ni va a aceptar bien) y la presencia de personas serán fuentes de estrés.
Los gatos comunitarios con más probabilidades de adaptarse a un hogar son aquellos que han tenido experiencias previas con humanos, sobre todo desde pequeños. Aun así, existe la posibilidad de que la limitación del espacio o la imposibilidad de realizar ciertas actividades supongan picos de estrés y ansiedad importantes, y es poco probable que se adapten.
A grandes rasgos, obligar a un gato no social a vivir en casa no es solo un acto que perjudica al animal, sino que puede generar tensiones y frustraciones en quienes lo adoptan. Se trata de una acción egoísta, aunque tenga buenas intenciones, y va en contra del respeto por la naturaleza del gato y una correcta valoración de lo que podemos hacer por el bienestar de ese animal.