Gatos en zonas de obras. Los protocolos que todo ayuntamiento debería tener para sus colonias felinas

En la Ley de Bienestar Animal y, en concreto, en las directrices técnicas que la Dirección General de Derechos de los Animales (DGDA) presentó después, una de las medidas clave ha sido el manejo de gatos en zonas de obras.

Gatos en zonas de obras. Los protocolos que todo ayuntamiento debería tener para sus colonias felinas

Las colonias felinas forman parte de la mayor parte de los barrios y comunidades españolas. Son el reflejo de un problema del abandono y la falta de control a lo largo de los años y su presencia plantea un desafío para la convivencia y el bienestar y supervivencia de los gatitos.

En espacios en obras y, sin las medidas adecuadas, los animales pueden verse expuestos a peligros como la destrucción de sus refugios, la falta de acceso a agua y alimento e incluso accidentes mortales. Para evitar estos riesgos, se han desarrollado los primeros protocolos específicos (por ejemplo, la Directriz Técnica sobre Gestión de Poblaciones Felinas) que regulan cómo deben gestionarse las obras cuando hay presencia de gatos comunitarios.

En Quer, donde hemos preparado uno de los programas más completos, se está implementando la gestión integral de los gatos en zonas de obras.

La directriz técnica de la DGDA

La DGDA establece un protocolo básico para la gestión de gatos en zonas de obras. En concreto, cómo hay que encarar las situaciones en las que una obra pueda afectar a los animales.

El funcionamiento propuesto tiene en cuenta tres puntos fundamentales:

1. Sistema de activación previo

Se traduce en detectar gatos comunitarios durante el proceso de solicitud de cualquier licencia de obra. Para ello, desde los ayuntamientos establecerán un sistema de comprobación preliminar. De igual modo, si se observa que hay felinos a posteriori, los responsables de la obra deberán comunicarlo al ayuntamiento correspondiente (6.10.5 de DGDA).

2. Valoración de la situación

La presencia de gatos en la zona de obras o en áreas cercanas exigirá la evaluación de los trabajos sin afectar a la colonia. Lo hará un técnico del ayuntamiento formado en protección animal junto con el equipo de gestión.

  • En el caso de obras públicas, se estudia si es posible trasladar el proyecto 6.10.5 y anexo VII) a otra ubicación.
  • En otros casos, se analiza si la obra y su resultado final son compatibles con la presencia de los gatos.

    Este proceso debería permitirnos responder, al menos, las siguientes preguntas:

    •  ¿La obra afectará a todo el espacio dentro de esa parcela?
    • ¿Solo a una parte del terreno pudiendo los gatos permanecer a salvo en otra parte de la parcela?
    • ¿Se usará maquinaria pesada?
    • ¿Se removerán tierras o son trabajos en superficie?
    • ¿Se usarán materiales o productos inflamables, peligrosos o tóxicos para los gatos?
    • ¿Cual será la duración de las obras?
    • ¿Tiene los gatos alternativas de afincamiento en las fincas o parcelas anexas?
    • ¿Cual será el impacto en los alrededores de ese emplazamiento por número de gatos en la colonias y por tipo de actividad en las cercanías?(viviendas, trafico, otras empresas, tipo de empresas…etc.)

    3. Actuaciones en el lugar

    1. En función de todo lo anterior, se realizan las actuaciones concretas:
      • Si la obra es compatible con la presencia de los gatos, se diseña un plan de adaptación para garantizar su seguridad.
      • Si no es viable su permanencia, se estudia la posibilidad de reubicar la colonia, siguiendo las pautas del programa de gestión de colonias felinas.
      • En todos los casos, se informa a las cuidadoras antes de tomar medidas.

    En pocas palabras, cada ayuntamiento tiene la obligación de tener registradas las colonias del municipio, como indica la propia Ley de Bienestar Animal (capítulo 6, artículo 38 y siguientes). Así, además de velar por el bienestar y la seguridad de los gatos comunitarios, deberá activar el protocolo de gatos en obras cuando reciba peticiones de nuevas licencias de obra. De igual modo, pese a no tener constancia de colonias registradas, el ayuntamiento debe inspeccionar parcelas y solares antes del inicio de obras como protocolo rutinario para descartar la presencia de gatitos y prevenir posibles accidentes.

    Problemas concretos

    En teoría, el protocolo permite que la planificación de obras incorpore desde el inicio la evaluación del impacto sobre las colonias felinas y fomenta su protección mediante planes de actuación, pero también requiere de una cooperación del ayuntamiento con las empresas, es poco específica y asume la buena fe, pese a los previsibles aumentos de los costos y los tiempos.

    De igual modo, los tiempos planteados suelen resultar poco realistas, como hemos podido ver en situaciones de riesgo, como la ocurrida en El Vendrell (Tarragona) pese a la insistencia de FAADA o Son Oliva (Palma de Mallorca).

    Medidas específicas para proteger a los gatos en zonas de obras

    Por esta razón, el equipo de InfoCER ha diseñado un Programa municipal de gestión integral de colonias felinas (Quer), para una gestión más práctica. Las medidas principales incluyen:

    • Designación de un interlocutor en la obra, que actúa como enlace entre la empresa constructora, los cuidadores y los responsables del programa CER.
    • Sistema de gestión de litigios, que busca garantizar tanto la seguridad de los gatos como la continuidad de los trabajos.
    • Aislamiento de las zonas de trabajo, para establecer barreras que impidan el acceso de los gatos a la obra e informar de los cambios que puedan afectar a la colonia.
    • Paquete de medidas y protocolos ante imprevistos.

    La prevención, clave

    En el caso de Quer, el objetivo es minimizar los riesgos al máximo. Por esto, se han tenido en cuenta medidas preventivas que garantizan que la vida de los gatos en zonas de obras.

    Para ello, se debe:

    • explorar y cerrar posibles refugios en zonas de obras,
    • reubicar los puntos de alimentación (en coordinación con las cuidadoras)
    • y mantener un vallado seguro, que impida el acceso de personas no autorizadas y gatos al área.

    En paralelo, se supervisará el estado del cerramiento de forma periódica (por si existe necesidad de reforzarlo), se cerrarán los accesos durante la noche o en periodos sin actividad, se prohibirá explicitamente (con señales) alimentar en el área y se informará a los trabajadores, ofreciendo canales para reportar incidencias y acciones.

    Este protocolo busca garantizar que las obras se desarrollen sin poner en peligro la vida de los gatos comunitarios, promoviendo una convivencia segura entre la actividad urbanística y la fauna urbana.

    Protección animal en la planificación urbana

    Los gatos comunitarios son parte del ecosistema urbano y su protección debe formar parte de cualquier planificación urbanística responsable.

    En este sentido, si bien la normativa de la DGDA establece un marco general de actuación, asegurando que la gestión de colonias felinas se integre en los procesos de construcción y reforma, los gatos en zonas de obras pueden requerir de protocolos específicos para implementar de forma concreta. La estandarización de estas medidas facilitaría la búsqueda de soluciones prácticas desde los ayuntamientos para la convivencia.

    Adoptar este tipo de medidas no solo protege a los animales, sino que también fomenta una cultura de respeto y responsabilidad de gestión de los espacios públicos: la protección animal en el urbanismo es un paso esencial hacia ciudades más sostenibles y éticas.