¿Se abandona igual a perros y gatos? Los problemas de las colonias felinas frente al modelo tradicional de protectora

Miles de gatos son abandonados o sobreviven en las calles en condiciones poco dignas. ¿Qué influye en nuestra percepción? ¿De verdad tratamos igual a perros y gatos cuando hablamos de abandono?
Cada año, miles de animales son abandonados en España. Solo en 2022, más de 288.000 perros y gatos fueron recogidos por protectoras, según el Informe Fundación Affinity 2023. En 2023, las cifras son similares y en 2024, se mantiene la misma tendencia. Lo que muchas personas desconocen es que más de la mitad de esos animales eran gatos.
Sin embargo, la percepción, la gestión institucional y los recursos disponibles no son iguales para ambos. Mientras que los perros se consideran víctimas directas del abandono, los gatos —especialmente los que viven en colonias urbanas— suelen verse como “libres”, “autosuficientes” o incluso “una molestia” para los residentes o un problema ecológico serio, que, a menudo, no se trata con el rigor científico suficiente.
Percepciones que marcan diferencias
La percepción social juega un papel clave. Los perros suelen despertar una empatía inmediata: su dependencia del humano, su lealtad y su exposición directa al entorno hacen que su abandono se perciba como urgente. En cualquier caso, el problema del abandono animal sigue siendo gravísimo a pesar de la especie.
No obstante, muchas personas todavía ven al gato como un animal autónomo, casi salvaje. Esta idea se refuerza en contextos urbanos donde las colonias felinas se normalizan como parte del paisaje, aunque estén compuestas —en muchos casos— por gatos domésticos abandonados o nacidos de camadas sin control.
Por ello, como destacan desde la Fundación Affinity:
El abandono es un fenómeno que afecta a perros y gatos de todo tipo, no entiende de edades o razas determinadas. El 28% de perros y el 7% de gatos abandonados son de raza, mientras que el resto son mestizos. Por otro lado, la mayoría de perros que llegan a un refugio son de edad adulta (61.5%), mientras que la mayoría de gatos recogidos son cachorros (46%).
Gran parte de la ciudadanía sigue sin entender la necesidad de proteger legalmente a estos gatos. El mito del gato «independiente» sigue teniendo mucho peso y va en contra de su bienestar, condenándolo a vivir en la calle en un gran número de ocasiones.
De hecho, en gran parte de España, cuando un perro deambula solo por las calles, sin dueño o en malas condiciones, suele alertarse y tratar de ayudarlo: se suben fotos a redes, se pregunta si alguien lo reconoce o se pide ayuda para rescatarlo.
Sin embargo, esta reacción no se da del mismo modo respecto a los gatos, incluso en el caso de gatos claramente sociables —muchos de ellos abandonados— que se acercan a las personas y aceptan el contacto. Lo más extendido sigue siendo pensar que «será de alguien» o que «no necesita ayuda» porque «los gatos son de la calle». Esta diferencia en la percepción y en la respuesta social refleja cuánto trabajo queda aún por hacer para equiparar el estatus del gato abandonado con el del perro abandonado y, con ello, lograr un avance real en el control de la población felina.
Abandono felino, gestión institucional y asociaciones
Mientras la mayoría de protectoras están estructuradas en torno al cuidado y adopción de perros, los gatos ocupan una posición secundaria, muchas veces relegados a espacios reducidos, poco visibles o directamente inexistentes. En la mayoría de los casos, los gatos de colonia no suelen entrar en el circuito de adopción (ni pueden, una vez son adultos, puesto que la ventana de oportunidad es breve).
La estrategia habitual es el programa CER (Captura, Esterilización y Retorno), que depende en gran parte de voluntariado no remunerado, y que muchas veces carece de respaldo real por parte de las administraciones.
Organizaciones como FAADA y Progat llevan años denunciando esta situación: falta de recursos, ausencia de voluntad política y una cobertura legal que, aunque ha mejorado con la Ley 7/2023 de Bienestar Animal, sigue siendo insuficiente. No existe un compromiso real por parte de los municipios.
Espacio y logística en el abandono de gatos
Las diferencias entre perros y gatos influyen. No cabe duda. En España, se considera que los perros necesitan más espacio, socialización y resultan más complejos de gestionar en el espacio público. Una visión que empezó a cambiar durante la etapa franquista y que, mediante una ética muy distinta a la actual, se solucionó mediante el sacrificio sistemático.
Sin embargo, no olvidemos (como demuestra gran parte de Latinoamérica y otras latitudes del planeta, como la India) que, en gran medida, la ausencia de perros callejeros en la península es un fenómeno reciente.
En ningún caso, esto debería implicar que los gatos —por adaptarse mejor al entorno urbano— queden desatendidos o se mantengan como un problema de segunda categoría. Hoy, existe una doble vara de medir: se prioriza la recogida y gestión de perros porque están «en riesgo», pero se ignora a gatas embarazadas que viven entre contenederos y camadas que podrían ser reubicadas en pocos días.
Se normaliza la recogida y ayuda de gatos heridos o enfermos, pero se ignoran (o se obvian) protocolos de prevención mientras se aplauden las campañas de adopción de perros, rara vez se pone el foco en los gatos, sobre todo, si son ya adultos. Todo ello, dificulta la gestión de las colonias felinas, divide la opinión de los vecinos y genera un «burnout» enorme en los voluntarios.
Una solución conjunta: visibilizar y equilibrar
Hoy, proteger a los gatos no debería traducirse en competir con la protección de los perros, sino en complementarse. En estos momentos, siguen faltando políticas públicas que entiendan la especificidad de cada especie, sin caer en comparaciones estériles ni jerarquías.
Varios colectivos han señalado algunas propuestas urgentes con las que estamos de acuerdo:
- Promover campañas de sensibilización sobre colonias felinas, su origen, resultados y valor ecológico
- Apoyo económico y logístico a proyectos CER gestionados con ética y rigor científico
- Inclusión real de los gatos en las políticas de protección animal, como establece la ley, pero aún no es lo que está pasando
- Fomento activo de adopciones felinas, más allá de los cachorros adorables
- Profesionalización de los perfiles técnicos en el mundo felino (y también en el canino) vinculados a programas de recogida, adopción y protección animal
No se trata de elegir entre perros o gatos. Se trata de aplicar criterios de protección, justicia y empatía a todos los animales que han sido víctimas del abandono. Si ignoramos a unos para proteger a otros, acabamos fallando a todos.


